10.4.10

Del estanquillo a la CONASUPO

A media cuadra de mi casa había un estanquillo. Era un cuartito largo y angosto de madera con anaqueles en la parte de atrás, el pequeño espacio por donde circulaban sus dependientes/dueños y un mostradorcito donde se colocaba el canasto del pan, la huevera que era una canastita plegadiza de alambre donde se mantenían frescos los huevos, unos frascos grandes de vidrio llenos, uno con dulces, otro con chicles, entre otras cosas... y quizás en la parte de abajo había espacio para cajas de refrescos, detergente y latas para surtir el anaquel de atrás...
Don Chuy y Doña Vange no vivían allí. Venían a atenderlo todos los días, quizás por eso se llamaba estanquillo y no tendajo. 
El tendajo estaba enfrente, era de Don Enrique, y allí fue donde conocí por primera vez los refrescos de la línea GRAPETTE, ORANGETTE y LEMONETTE, porque los de uva sabían sencillamente como ningunos otros, y eso que JOYA y BARRILITOS también contaban con ese sabor!! Don Enrique vendía CHOPOL, un chocolate en polvo que nos tenían prohibido consumir porque al igual que con el pinole, si por error lo aspirábamos podríamos ahogarnos, se nos iba por el "galío" como decía mi abuela. Claro que era lo primero que comprábamos y tras abrir el sobrecito por arriba le empezábamos a meter la lengua y a comerlo así... Yo me imagino, que las bolsitas habían sido hechas para usarse con leche o agua para hacer una bebida, para quienes no pudieran comprar la lata entera de chocolate EXPRESS o PANCHO PANTERA, pero nosotros no sabíamos de dosificaciones y lo comíamos como cualquier golosina.
A dos cuadras de mi casa habia otros dos tendajos uno frente al otro, el de Don Margarito y el de Don Alfredo. Como el primero nos quedaba de este lado de la calle y el otro al cruzar, quizás por flojera comprábamos con Don Margarito para ahorrarnos unos cuantos pasos y como el dinero no era de nosotros y muchas veces nos "clavábamos" el cambio llegábamos a casa con el mandado y dulces y nada de dinero de vuelta. Si nuestras mamás deseaban ahorrarse unos pesos primero tenían que ir ellas mismas y después, si el artículo estaba más barato enfrente, caminar más.
A dos cuadras de mi casa pero frente a la carnicería, estaba la Tienda de Alvaro Palacios, y esa sí que era una tienda! De ahí se surtían muchísimas personas que llevaban alimentos para revender en los ranchos y siempre había intensa actividad de gentes en el mostrador y entrando y saliendo con diablitos llenos de cajas.
Ahí me compraban cereal de vez en cuando, ahí comprabamos el periódico viejo por kilo, brillantina palmolive para las tías y cualquier cosa que estuviera más barata que en otras partes.
El primero que tuvo un super en Linares fue Don Wenceslao Adame y su tienda ya tenía cajeras y área de carnes frías y hasta líneas de anaqueles con pasillos. En una ocasión, cuando los duraznos en almíbar venían en enormes frascos de cristal, por accidente rompí uno y zas! Ya no volvimos a ir en mucho tiempo. A quien se le ocurre colocar esos frágiles frascos a la altura donde los alcanza un niño de 8 años?
Después de la CONASUPO llegaron otras tiendas del mismo tipo como la del ISSSTE, y entonces sí, como cuando el video acabó con los cines, seguramente las supertiendas fueron acabando con los tendajos...
Y esa parte de la magia de comprar una cebolla, un tomate y un chile se perdío. Se perdió la Romana (balanza donde pesaban usando pesas, esas rueditas con una muesca y deslizando unas cositas parecidas a un botecito de leche de un lado a otro), y se fueron perdiendo muchas cosas mientras ganábamos otras... 

3 comments:

CESAR RAUL GARCIA FUENTES said...

No he encontrado ninguna foto del Chopol, pero recuerdo que traia a un niño boxeador, si alguien tuviera alguna imagen seria formidable

Martha Karen Hernandez Medina said...

Hola que tal, me gustaría charlar contigo hacerca de familias de Linares.

Pablo Villalobos said...

Seguro... todos los días me digo que escribiré algo y todos los días se me pasa por andar en otras cosas. ¿Por donde vives (o vivías) tú?