Además de los dulces de la esquina, compraban en mi casa trozos de ate, un dulce muy bueno que se conseguía en sabores de membrillo y guayaba. Quienes lo fabricaban usaban como moldes unas latas cuadradas de 40 litros y el dulce se vendía en rebanadas por kilo. Otro dulce que me gusta mucho es el queso de tuna, que fabrican principalmente en San Luis Potosí, y cuyo sabor es exquisitamente extraño.
El dulce en sí no lo parece pues es prieto y más parece un cuadro de plastilina color café. Su raro sabor no es del gusto de todos, pero se puede aprender a disfrutarlo, yo aprendí y desde entonces soy su fan.
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