23.6.10

El mundo de las mascotas

Me fue imposible remontarme al pasado de las jugosas frutas que al morder me chorreaban hasta el codo de delicioso néctar, sin tocar el tema de las mascotas.
Oficialmente, en casa sólo había una gata, a la que llamé NICOLETA porque me la regaló una vecina llamada Nicolasa. Claro que con la llegada de la minina, llegaron de no sé donde, un montón de gatos y con ellos cada cierto tiempo había cajones en los roperos llenos de bebés. Eran tiempos en los que sólo se llevaban a los animales a vacunar contra la rabia cuando pasaba el camión que lo hacía gratis, los perros caminando y los gatos en una "rede" o bolsa de plástico tejida porque eran de un arañar que daba gusto! Ahí dentro de la bolsa, sólo les clavaban la aguja donde fuera, porque ni se sabía cual era la parte del frente o cual la de atrás pues los gatos se revolcaban como muéganos y chillaban más que un cochino rumbo al matadero...
OK. Las mascotas no se esterilizaban y una de ellas rendía para toda al vida, era un creced y multiplicáos que daba gusto ver! De entre los gatos callejeros que rondaban a la Nicoleta estaban el rayitas, el tetero (que saltaba a la cuna del bebé y le roía las teteras a los biberones dejándolos inservibles, el botones, entre muchos otros perdidos en el anonimato...
Tuve una tortuga llamada DANIELA porque cuando la ví pensé que tenía cara de Daniela. Le pinté algunos de los rombos en su caparazón con pintura de colores hasta que alguien me dijo que eso era un crimen y que la tortuga podría morir. Así la dejé hasta que se le medio despintaron y después se me perdió. El patio era tan grande que nunca más la volví a ver. Ojalá y no se haya salido a la calle porque no hay caparazón que aguante las llantas de un coche a gran velocidad...
Después llegó LA LOBA, una perrita muy lista de pelo corto que con el tiempo nos dió al OSO y al LOBITO. El lobito, lógicamente era muy parecido a ella, y ambos fueron a dar al rancho, pero nos quedamos con el Osito, que era peludo y redondo... cuando creció no fue demasiado grande, pero fue muy peludo siempre... un día se engarrapató y ya no hubo poder humano ni medicamentos que pudieran eliminarle esa plaga y sucumbió.
Para contentarnos de esa pérdida y de los chivitos que mataba tío Anselmo para sus platillos de carne y su moronga o fritada, cuando pasaban los que vendían pollitos de colores nos compraban varios. La mayoría morían, pero los que sobrevivían se convertían en gallos o gallinas de color blanco. De las gallinas del rancho tuvimos una roja bellísima a la que llamamos CLOCLA, porque ese ruido era el que hacía cuando estaba empollando, o sea, que estaba clueca (en casa decían CULECA). Esa gallina fue respetada de terminar en un buen caldo porque era nuestra mascota y además era bien ponedora. 
La adoptamos a raíz del cuento de LA GALLINITA SABIA, que se veía igualita en el cuento, y era la que pasaba la vida trabajando mientras el pato y el cerdo flojeaban, y cuando les dió hambre ella no les convidó de su pan, por holgazanes!!

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