4.9.10

La Michoacana

En mi pueblo las paletas de hielo se dividen en antes y después de LA MICHOACANA.
Una de mis tías trabajó en LA REGIA, una de las dos paleterías que había antes, la otra era LA DELTA.
Ambas mandaban a sus paleteros con los carritos llenos de paletas de agua, de leche y esquimales, que eran unas paletas de crema con cubierta de chocolate que se deshacían en la boca. A mí las de agua no me gustaban, aunque eran las más baratas, pues eran muy simples, como de Kool-Aid, a excepción de las de coco, que tenían en la punta un copetito de coco rallado. Los esquimales eran mi debilidad, pero como en esas fechas sólo comía de las que alguien me compraba, no podía darme el lujo de ponerme selectivo. 
Algunas vecinas afortunadas de tener un refrigerador no sólo vendían cubitos de hielo recién sacados de las charolitas metálicas (que se quedaban pegadas en nuestros dedos), sino que empezaron a vender agua de sabores en bolsas de plástico con un nudito, sin palito, a las que llamaban bollos y que eran una alternativa más económica a la de sabalitos o bolis, como se decía en Linares.
Un día llegó LA MICHOACANA y se instaló cerca del mercado, como a 5 cuadras de mi casa y revolucionó la historia de las paletas. Aunque eran mucho más caras, eran enormes, y traían fruta!! 
Esas no las vendían por la calle, había que ir por ellas a la paletería, pero era un placer, porque además de ser la novedad, había muchísimos sabores de donde elegir y también vendían allí vasos con jugos naturales y chamoyadas.
A partir de ahí comer paletas en primavera y verano se convirtió en un asunto de moda porque llegaba la hora de sentarse a platicar afuera y tenía que hacerse con una deliciosa paleta de LA MICHOACANA. 
Había de guayaba, sandía, uva, mango, melón, piña, y hasta de tutti-frutti!!
Y pensar que ahora existen hasta las paletas de pastel (cake-pops).

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