En la vieja cocina siempre había leños, pedazos de madera y otras ramas que usábamos en la chimenea, pero como en el paraíso, había unas ramas que no se podían quemar: las de chile .
Y nosotros, como Adán y Eva, eran las primeras que queríamos echar a las brasas para ver el porqué de la prohibición.
Porque si echábamos piedras podían estallar y sacarnos un ojo, el clavo era para que supuestamente no nos doliera la cabeza , pero las ramas de chile? Eran ramas, no?
Y un día las echamos en un descuido de los adultos y se alzó una humareda picosa que nos hizo toser hasta casi ahogarnos...
Desde entonces tratamos de no tirar a broma los consejos de la abuela...
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