9.9.12

Del verano roja y fría, la sandía...

Aparte de aquel frijolito que puse en algodón cuando estaba en la escuela como tarea para verlo germinar y hacer un reporte acerca de su crecimiento, ya no había vuelto a plantar nada.

El pasado 4 de julio me compré una sandía sin semillas para acompañar la carne asada de la celebración y días más tarde, mi mamá me mandó la mitad de una sandía buenísima, y con semillas! Así que las guardé para dejarlas secar y días después, junto a las semillas de melón que me sobraron después de hacer la horchata, las planté en el espacio que quedó sin pasto cuando la bruja maldita de la administradora me pidió le devolviera la casita donde guardaba mis trebejos. Pero esa es otra historia. La de hoy es la de las sandías.

Después de plantadas, las sandías germinaron y empezaron a crecer como locas, trepando por donde podían y extendiéndose sobre gran parte del jardín. Crecían y crecían y después empezaron a florecer, con unas florecitas amarillas pequeñas, pero creció tanto que hasta creí que era extraterrestre y que un día me devoraría como la de LA TIENDITA DEL HORROR. Me daban ganas de sacar parte de ella en una maceta y regalárselas en la oficina, para que se los comiera a todos! Jajaja

Bueno... hace días empecé a ver sandiítas como del tamaño de una calabacita y han ido creciendo, tanto que la más grande ya casi está del tamaño de la que me comí...
Me siento muy feliz porque es la primera vez que veo salir algo del suelo y dar frutos, frutos que no existían y que ahora gracias a la tierra, a las semillas, al agua y a que estoy al pendiente, pronto podrán ser degustados por mí y algunos de mis vecinos, a quienes les he contado y han venido a ver el ''sandiyal'' o watermelon patch, como se llama acá...

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