16.12.12

La crítica gastronómica

Martha y yo deberíamos dedicarnos a la crítica gastronómica. Yo criticando la comida y ella el servicio (aunque después cambiemos los roles)...

Ella, que gusta de la experiencia de comer fuera y puede con el gasto, me invita y yo acepto, nomás por andar de pegoste.
El caso es que en una de las idas a visitar a su marido a la clínica donde está recuperándose, me invitó a comer y para variar, ninguno de los dos traíamos demasiado apetito como para acabarnos un platillo solos. Si vamos a LOS CUCOS, le dije, recuérdame de no aceptar que ordenes el platillo Micki.
Y bueno. Llegamos allá porque no dimos con otro restaurancito que andábamos buscando y una vez a la mesa, llega el mesero y nos ofrece algo de beber. Ya teníamos varios minutos allí y nadie se había acercado a llevar las bandejitas de los totopos ni la salsa, así que Martha se lo recordó. ¿Traen hambre, eh? dijo el mesero.
Cuando regresó a levantar la orden, Martha le preguntó si la fajita, que allí anuncian ''para uno'' podría alcanzar para dos, él contestó:
-No sé, depende de cuanto comen, usted come mucho? Porque si come mucho no se la recomiendo. Después de negociar y antes de irse dice, y también quieren que les traiga un plato extra, verdad?
A mí me pareció inoportuna su observación, puesto que desde que llegamos habíamos estado con lo mismo de que queríamos compartir un platillo, no había necesidad de insistir en que pidiéramos dos.
Total, que en una de sus vueltas le habla de tú a Martha, porque vió su nombre en la plaquita dorada que traía de su trabajo y nos quedamos viendo como... qué onda?
Total, que en la mesa de junto, al llevar un platillo caliente, hacía mucho alboroto y jugueteaba con los niños allí sentados haciendo alusión a lo caliente que estaba el plato y me digo a Martha, de todos los meseros, nos tocó el más llevadito y el más payaso, no le dejes nada de propina! Para que se eduque!
Ella dice, que como un día también fué mesera, que no es porque les paguen por comisión, sino que al ser mayor la cuenta, ellos reciben más propina, y él deseaba colocar dos platillos y no solamente uno.
La experiencia fué, dejando a unlado lo del mesero confianzudo, agradable porque el plato traía bastante fajita, 4 tortillas de harina de esas transparentes, otro plato con arroz y guacamole y un tazoncito de frijoles a la charra.

Ayer nos tocó dar con el lugar que buscábamos cuando fuimos a dar a LOS CUCOS. Se llama EL ITACATE y además de vender pan venden comidas. El lugar es agradable y limpio. Tienen un especial del día por 7.50 sin contar la bebida y consta de un tazoncito de pozole de pollo, o como dijo Martha, pozole de maíz cacahuazintle con olor a pollo, una torta o dos tacos a elegir y un postre.

Se ordena, se paga y lleva uno mismo a la mesa los utelsilios necesarios como tenedor, cuchillo, popotes, servilletas, etc.
Yo pedí torta de chicharrón de puerco, que fue la que más me llaemó la atención y Martha la Tres amores, que lleva carne de puerco, res y pollo. La muchacha, al preguntarle su recomendación, dijo que a ella en lo personal no le agradaba tanta revoltura, pero a Martha se la comía la curiosidad y en lugar del postre del día ordenó una empanadita de picadillo ''fusión'' de ese que le ponen pasas y almendras!
Según la muchacha, este lugar tiene como platillo oficial los ''bocoles'', que son las mismas gorditas, solo que al estilo de varacruz y Tampico.
Al final, cuando Martha ya había degustado su torta  le habían retirado todo cambia de opinión y pregunta que otro postre podría pedir a cambio del pay y la chica le ofrece un polvorón.
-¿qué es un polvorón? -dice Martha - pues es una galleta así como...
-de qué tamaño¡ 
-pues así, grande...
-y a que sabe?
-pues no sabe a nada, digo sabe así como a... vainilla creo...
Martha, ignorante por completo de lo que era un polvorón, y nada entusiasmada por la descripción, decide pedir el postre, que era un pay de chocolate con crema de cacahuate. 
Para esto, ya no tenía tenedor, porque se lo habían llevado y le dice a la muchacha. 
-te encargo un tenedor por favor, el otro te lo llevaste!
-Pues acá hay más! Le dice ella, aunque después se lo repuso.

Martha me pidió que le recordara jamás en su vida regresar allí.
Dijo que la torta no sabía a nada y le tuvo que echar montones de salsa y le picó, que el postre sabía demasiado a crema de cacahuate y que cuando le retiraron su tenedor, casi la hacían ir a ella misma por otro... por lo menos ya supimos donde estaba el lugar y qué es lo que venden allí!

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