4.4.13

Nísperos en almíbar

Cuando era niño me dijeron que no comiera persimonio sin madurar porque se me torcía la boca. Como todo niño que hace lo contrario a lo que le dicen, me comí uno y ya me andaba porque se me durmieron los labios y me asusté, no sabía cuanto duraría ese efecto o si así me quedaría para siempre. Por desobediente, pasó mucho tiempo en que no volví a probar persimonios, hasta que en una ocasión, ya adolescente, me dieron unos ya bien maduros que de tan suaves hasta se me deshicieron en la boca...

Mi mamá tiene un árbol de nísperos en el patio y me regaló una bolsa el domingo pasado. Como muchos estaban bien agrios y a mí me gustan las frutas dulces, decidí prepararlos en almíbar, así que les quité el huesito a todos, los cociné en agua hirviendo unos minutos. Después puse a hervir agua con azúcar (una taza de cada cosa) y al empezar a hervir ahí los eché. Añadí algunos de los huesitos por dos razones, para que le dieran un sabor especial y como adorno.
Los dejé una hora a que se terminaran de cocinar a fuego bajo y enseguida los envasé.
La cantidad de nísperos era de una libra, aproximadamente medio kilo. 

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